Real
Betis 3 – Sevilla FC 3
Un baño en toda regla cuando sólo se
hablaba de fútbol; un futbolista reincidente que tira por tierra nuevamente el
buen trabajo del equipo; un árbitro más que sospechoso que condiciona el
resultado final; y una entidad, la verdiblanca –desde la grada a los once que
visten a rayas-, condenada de por vida al miedo atávico, a un pánico
insuperable desde el mismo instante en que la LFP, allá por el mes de julio,
señala la fecha del derbi en el Benito Villamarín.
Empezando por lo último, me pongo en la
piel de Pepe Mel (es un decir, háganse a la idea) y de cara al próximo derbi
sólo me queda la esperanza de que el departamento de márketing del Sevilla FC
opte por una equipación azul, amarilla…, incluso verde, en su próxima visita a
Heliópolis. De lo contrario, mientras sigan visitando ese feudo once tipos de
rojo, ni concentración en la playa, ni sesión de vídeos de (contadas) hazañas
en duelos de antaño, ni conjunción planetaria que valga. No hay nada que hacer,
y empiezan a asumirlo.
Lo de Medel. Vale que Cañas sobreactúa,
que el árbitro castiga de forma desigual las acciones de uno y otro, de acuerdo.
Pero, carajo,¿es que siempre le tiene que tocar al mismo? Su error de principiante
en el primer gol bético pudiera haber desconcentrado a un canterano debutante o
con pocas tablas en estos envites. Pero pretender que Gary Medel llegó a la
jugada clave de la performance de
Cañas con el lastre de la mala conciencia por ese error… Que no le pasó a
Navas, a Rakitic, ni tan siquiera a Alberto Moreno, Fazzio o Botía. El que tuvo
que enfilar el camino del vestuario, una vez más, fue un futbolista cuyo
concurso se antoja indispensable para mantener el alto nivel de fútbol que el
Sevilla evidenció hasta entonces.
Del Cerro Grande. Es malo, y conste que esto
no supone novedad alguna en lo que al colectivo arbitral se refiere. Porque
dejar sin castigo la brutal entrada de Paulao a Negredo cuando el personal no
terminaba de tomar asiento, es de árbitro malo y peligroso. Porque el desenlace
de la tángana que termina con el chileno en la ducha lo inhabilita para
cualquier amistoso de juveniles. Y porque el penalti que se inventan entre él y
su asistente (que no es ni falta personal en baloncesto) nos lleva a considerar
la posibilidad de que este tipo pudiera haber encarado la segunda parte del
derbi con la clara intención de dejar su sello para la posteridad. Y a fe que
lo ha conseguido. Podría hablarse del segundo tanto sevillista, pero a esta
hora todavía no encuentro consenso entre quienes afirman que Negredo se
encontraba en fuera de juego al inicio de la jugada, los que mantienen que el
linier debe levantar la bandera cuando recibe el atacante, y los que ven que el
pase medido a Rakitic sale de las botas de un defensa contrario. Sea como
fuere, Del Cerro Grande (a lo que se presta el nombrecito del trencilla…)se ha
ganado por méritos propios su ingreso en el memorial bético tras haber evitado
lo que llevaba camino de ser una tragedia en verdiblanco que quedaría para la historia
de estos duelos desiguales.
Y el fútbol. Viendo jugar al Sevilla en
la primera parte uno no termina de comprender qué ha podido pasar para que
estos mismos futbolistas mostraran versiones tan patéticas en contiendas
anteriores lejos del Sánchez Pizjuán. Con una defensa entonada, en la que nadie
hizo nada que no hubiera que hacer, lo de Navas, Rakitic, Medel, Kondogbia,
Reyes y Negredo en los primeros cuarenta y cinco minutos fue soberbio. Lección
de fútbol y efectividad que sólo podía torcerse de una forma que no entraba en
los planes de nadie. De nadie que no hubiera visto al chileno hasta ahora.
Mención especial para el croata, al que algunos, en un ejercicio de forofismo
indisimulado, aún se atreven a comparar con un Beñat que, a la luz de lo que pude
escuchar en la grada, cada vez engaña a menos gente.
En definitiva, y es lo que nos queda, oportunidad
perdida para el Sevilla FC en su objetivo por conseguir plaza europea. Ocasión
nuevamente desaprovechada para dejar otra muesca en el palmarés de unos derbis
cada vez mas previsibles. Y una grada, la verdiblanca, que celebró el empate
final como si se tratara de la consecución de un título europeo ¿Les suena?
Síntoma de grandeza, no precisamente de los cuarenta y tantos mil que
abandonaron el estadio sin recordar a lo que sabe eso de ganarle al eterno
rival en casa. Y esto no es literatura.
Nota
post: Don José Mel Pérez,su gesto al final del
partido evidencia algo más que una rudimentaria educación. De un deportista
formado en los escalafones inferiores del Real Madrid no espero ningún alarde
de cortesía y urbanidad, vaya esto por delante, pero no le habría costado
ningún trabajo presentarse minutos después en sala de prensa y pedir perdón por
su evidente gesto de mal gusto e incuestionableordinariez. Que no pasa nada,
hombre, por reconocer lo obvio y plantar cara ante el primero que osara (que
esa es otra) afearle el detalle. Pero no, prefirió tomar por tontos al resto de
mortales, con la idea (sin duda equivocada) de que con la peineta cerraba vayan
ustedes a saber qué lista de agravios sufridos de manos de alguien que habita
la memoria del ilustrado técnico. ¿Aquella manita de Caparrós, el recuerdo de
Míchel, los Biris que le jaleaban desde las alturas…? Al final, cada uno se empeña
en demostrar lo que es. Como la vida misma.
(Foto: oclise.com)
Pablo
F. Enríquez
Publicado en Columnasblancas.com el 14-04-2013

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