Leo estos días que el periodismo es, tras la construcción, el sector que más ha sufrido porcentualmente el azote del paro en este lustro largo que venimos padeciendo. Y a poco que uno cruce algunas palabras de vez en cuando con representantes de este noble –porque lo es- gremio, llama tristemente la atención hasta qué punto el presente más inmediato se reviste de incertidumbre. Con todo, tengo la fortuna de conocer a un puñado de privilegiados.
Gente honrada a carta cabal, son fieles a una causa que llevan grabada a fuego y que les conduce más allá de donde la soldada ordena. Buenos profesionales, sin duda, que se ganan la vida en los medios oficiales del Sevilla Fútbol Club. En su casa, y en la mía.
Lo son todos. Los que se dejaron lo mejor de sí mismos en el comienzo de aquella aventura y los que se han ido incorporando con el paso de los años. Mención especial para los que tuvieron que aguantar el recelo y la hostilidad con la que insignes compañeros dieron la bienvenida al invento que nacía de las entrañas del Sánchez Pizjuán.
En estos momentos difíciles, consciente de lo incomprendida que llega a ser su labor, incluso entre los teóricamente afines, me quiero acordar de los míos. Empezando por Jesús Gómez, Baeza, Juanrra, Padilla, Alberto y Miguel Ángel Moreno o Manolo Ruiz, sin olvidarme de los Arrocha, Ávila, Araujo y compañía, aunque solo fuera por tantos años de dedicación a una hermosa vocación. Un aval que ya me gustaría a mí presentar llegado el caso.
Si hace meses eran un ejemplo de profesionalidad y amor a unos colores, ahora que el pesimismo invade cada debate en torno al club, creo estar en condiciones de asegurar que estos sevillistas lo siguen siendo y no se les ha olvidado trabajar.
Pablo F. Enríquez
Publicado en SFC Periódico el 20 de enero de 2013.

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