sábado, 3 de noviembre de 2012

Aprendices de la sospecha



Informativamente hablando, tampoco es que haya sido un comienzo de mes tranquilo. Permítanme que me detenga en una cuestión que ha monopolizado la atención de quienes nos ocupamos de la actualidad religiosa en nuestra ciudad. Me refiero al anuncio de la dimisión del presidente del Consejo de Hermandades, Adolfo Arenas. Una dimisión que el propio afectado presentó como “irrevocable”, y que somete a crisis un organismo necesitado de muchas dosis de sensatez y, sobre todo, normalidad.
Porque tendría que ser normal, máxime en instituciones de la Iglesia, que se respetase el secreto de las deliberaciones. Por el contrario, vemos que algunos tardan el tiempo de salir a la calle para airear a la prensa lo que ha sucedido minutos antes en una reunión, en teoría reservada. 
Y tendría que ser normal que representantes de instituciones religiosas –porque las hermandades lo son- no concibieran sus responsabilidades como un concurso de méritos en el que manejarse con criterios no precisamente evangélicos y de servicio a la Iglesia. Consecuencia directa y muy lamentable de esto es la patina de mediocridad que se extiende sobre el trabajo de muchas personas que testimonian su fe desde la responsabilidad –que no cargo- cofrade.
Contaba el que fuera portavoz del Vaticano durante el pontificado de Juan Pablo II, Joaquín Navarro Valls, que después de tantos años de servicio había llegado a la conclusión de que los profesionales de los medios de comunicación habían abrazado sin el menor complejo los dictados de los maestros de la sospecha. Teorías que se resumen, en lo que concernía a su trabajo, en una reserva absoluta frente a cualquier comunicado oficial que salía de la Sala Stampa. Los corresponsales se servían del texto oficial para tratar de desentrañar la verdad que se ocultaba tras el sello con las llaves de Pedro.
A la vista de la lectura –a ver cómo lo digo… ¿interesada?- que se ha hecho del affaire del Consejo, se ve que la teoría no se ciñe a los habituales de la Via della Conciazione. En el caso del que les hablo, se ha llegado a tejer una teoría del dato trascendental de que el comunicado de la Archidiócesis se repartiera por e-mail a los medios de comunicación sin membrete de la institución (en la web oficial y en el perfil de twitter de la Archidiócesis iba con el preceptivo logotipo, pero en fin). Además, se ha afeado la actitud de la Curia diocesana y del propio arzobispo en este asunto, achacándoles cierta “frialdad” hacia el presidente dimitido. Un presidente que, recordemos, presentó una renuncia i-rre-vo-ca-ble. Lejos, muy lejos, de los sainetes de ida y vuelta tan al uso, no sólo en el mundo de las cofradías, que todo hay que decirlo.
 Y hablamos -sin necesidad de acudir a la hemeroteca- de un presidente que, de paso, recibe ahora la comprensión de quienes no hace ni una semana se referían a él en términos no tan cariñosos.
 ¡Ah! Y capítulo aparte para quienes aprovechan que el Guadalquivir pasa por Sevilla, para arrear sottovoce a una Curia que no es la que ellos habrían querido, quién sabe si por la sencilla razón de que han perdido un status preferente en lo que a sus relaciones con Palacio se refiere.
 Pero es lo que hay. No dejo de pensar cuánto daño hizo el Watergate.

Pablo F. Enríquez
(Foto: Miguel Ángel Osuna).

No hay comentarios:

Publicar un comentario