domingo, 19 de febrero de 2012

La buena prensa


Joaquín Navarro Valls fue uno de los artífices de la apertura mediática que se respiró en el Vaticano con el cardenal Wojtyla al frente de la Iglesia Católica. El periodista y medico murciano tuvo tiempo y argumentos sobrados para comprender el natural (por habitual más que por lógico) recelo que se desprendía de las lecturas que buena parte de la prensa solía hacer de cada comunicado que llegaba a las redacciones con las llaves de San Pedro en el encabezamiento. Entendía que la desconfianza del periodista hacia cualquier comunicación que llevara marchamo de oficialidad tenía su fundamento en los maestros de la sospecha: siempre hay una realidad oculta más desagradable que la que se muestra desde estas instancias.

Me juego lo que quieran a que ninguno de los avezados intérpretes de lo que sucede en el ámbito deportivo sevillano (reduzcamos la historia a lo que nos interesa, el Sevilla FC) se encomienda a Freud, Marx o Nietzsche antes de enfrentarse a los correos con los que el bueno de Jesús Gómez, jefe de prensa del club, facilita el trabajo de buena parte de la profesión. Esta parrafada viene a cuento del sainete con el que unos y otros nos han entretenido la semana, y que comenzó con un titular en internet que destapaba una guerra sin cuartel entre Marcelino y Kanouté. Titular que desata un serial interminable de conjeturas del que no fue ajeno casi nadie. Una foto del malí en actitud desafiante ilustraba el relato a la espera de un vídeo que terminara por dibujar un escenario nada recomendable en el seno de la plantilla.

Y el vídeo llegó. Donde todos hablaban de guerra encendida y desplantes, resultó haber una aburrida secuencia del entrenador hablando con el delantero. Ni desplantes, ni careo, ni nada que condujera a pensar que el malí había roto una pauta de conducta prácticamente intachable. Y tras el vídeo, el comunicado de los dos protagonistas negando el serial que la “prensa independiente”, inasequible al desaliento, seguía adobando con presuntas alusiones a “fuentes del vestuario”. Que la realidad no te tumbe una buena noticia, debieron pensar.

Lo que hubiera dado Navarro Valls -22 años como portavoz del Vaticano- por haber tenido entre los corresponsales acreditados en la Sala Stampa a unos cuantos de estos adalides de la buena prensa, empeñados en la variable contraria de esa sospecha informativa que les refería al comienzo. La que rodea de dudas, intenciones ocultas y afrentas personales lo que se publica y emite en relación con un equipo que, a la vista está, ha debido pisar demasiados callos en la última década.

Artículo publicado en SFC Periódico el 6 de febrero de 2012.

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