Estadio Ramón Sánchez Pizjuán
SEVILLA FC 2 - CA OSASUNA 0
Nueve jornadas después, el Sevilla se reencontró con la victoria a costa de un Osasuna que a punto estuvo de estropear la fiesta de no haber sido por un Palop acertadísimo. Míchel renunció al planteamiento de su debut en Anoeta, y enfrentó a los navarros un once a priori arriesgado a la vista de los precedentes más cercanos. Vuelta a los dos delanteros, con las bandas para Reyes y un hiperactivo Navas y el centro del campo confiado a la brega de Medel y la dirección de Rakitic. Lo mismo que Marcelino probó sin suerte en tantas ocasiones, si bien al asturiano se le cayó el equipo permanentemente por el lado del croata, apático, fuera de forma y con una actitud que delataba problemas de más hondo calado. El de anoche, en cambio, recordó al brillante mediocentro que llegó hace un año para solucionar las enormes carencias del equipo en la creación de juego. Implicado, batallador y con una extraordinaria visión del juego, Ivan Rakitic volvió a ser el eje sobre el que pivotó el fútbol de ataque de los blancos, con la inestimable colaboración del chileno, enchufadísimo los noventa y cuatro minutos que duró el partido.
Actitud, compromiso... Son algunas de las virtudes que explican la conversión del equipo ramplón, apático e indolente que, con algunas excepciones, ha dilapidado una primera vuelta digna de estudio. Lo visto anoche en el feudo de Nervión nos reconcilia en parte con una plantilla de la que se esperaban más prestaciones.
Con todo, que el Sevilla llegara al descanso con tan sólo un gol en su casillero revela uno de los problemas más evidentes de esta plantilla. Con Kanouté más comprometido en la ayuda a los mediocentros, Reyes –recuperado de urgencia para la ocasión- escorado en banda y Negredo poco acertado cara a puerta y con un físico manifiestamente mejorable, el equipo pudo solventar el envite gracias al acierto de su segunda línea y al regreso de un Palop muy seguro y dominador de toda su área de influencia. Porque el Sevilla precisa de las mejores prestaciones de su portero titular –el valenciano lo es- para maquillar los regalos que la pareja de centrales y un alocado Coke se empeñan en hacer un partido sí y el otro también.
Tres puntos con un efecto balsámico, que deben estimular a esta plantilla para encarar lo que resta de campeonato con algo más de tranquilidad. En una liga como la que padecemos, nada es descartable. Nada.
Artículo publicado en Columnas Blancas el 19 de febrero de 2012.

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