lunes, 21 de noviembre de 2011

Los más grandes




J. Quixano y E. Giovio firmaron el pasado jueves un muy recomendable reportaje en las páginas de El País titulado “Este fútbol es otra cosa”, cuya lectura recomiendo vivamente. Los citados periodistas salían al paso del serial en el que todos los medios de comunicación se han entretenido estos días sobre la primacía histórica del portero del Madrid. Entre todos han elevado al novio de la Carbonero al escalón más alto de un supuesto podium de guardametas españoles desde que Zamora e Izaguirre rivalizaban por la hegemonía bajo palos. En el artículo del que les hablo, se vuelve acertadamente la vista atrás, a unos tiempos cuyas referencias nos llegan por la vía de la memoria, alguna portada (los martes) grabada en la retina o actuaciones de las que fuimos testigos en tardes de domingo que la nostalgia ha conservado con el aroma de lo imperecedero.



No estoy hoy por la labor de meter palitos en una absurda candela suficientemente avivada por los de siempre, pero este artículo me recuerda las controversias a la que tan dados somos en esta parte de la ciudad, a cuenta del futbolista que debería pasar a la historia como el más grande en defender la camiseta del Sevilla Fútbol Club. Anda el personal dividido entre dos de los que nos han abierto las puertas de la gloria: Daniel Alves y Frederic Kanouté. Difícil elección en cualquier caso, del que probablemente saldría el elegido. Pero entiendo que la ignorancia y el olvido nos llevan a no considerar a quienes, en otra época, no tuvieron la suerte de militar en un Sevilla dirigido al éxito desde la planta noble y el vestuario.



Difícilmente se podrán contar con los dedos de una mano los lectores de esta columna que tuvieron el privilegio de asistir desde la grada del campo de la Victoria a las lecciones de fútbol que impartió Juan Armet de Castellví, más conocido como Kinké. El precursor, junto a los Spencer, Pepe Brand y compañía, de una forma de entender el fútbol que rompió moldes: la escuela sevillana. Fueron grandes.



Nuestros mayores no se cansan de relatarnos que Juanito Arza era distinto, otra cosa. Aquellos años bárbaros bajo la dictadura merengue, los Arza, Araujo, Busto y Doménech devolvieron a la capital andaluza a la elite del fútbol español, logrando el único título de Liga que se custodia en el Ramón Sánchez Pizjuán. También fueron grandes.



Mañana martes rendimos homenaje a otro ilustre. El club, en un gesto loable que honra tanto al que lo recibe como al quien lo promueve, entregará el Dorsal de Leyenda –el tercero hasta la fecha- a don Marcelo Vaquerizo Campanal. Con 403 partidos oficiales en sevillista, la fortuna quiso que “sólo” fuera subcampeón de Liga y Copa. Deportista ejemplar y mejor persona, Campanal II representa la mejor versión de una historia que bien haríamos en no olvidar. Fue muy grande.



Pablo F. Enríquez
(Publicado en SFC Periódico el 21-11-11).

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