¿Se
imaginan a los habituales de Mestalla gastando pólvora cada vez que Soldado
anota un gol con la camiseta del Tottenham? ¿De verdad creen que los bilbaínos
van a perder un solo minuto en debates encendidos a cuenta de la eficacia de
Llorente con la camiseta de la Juventus? ¿Quién se cruza una apuesta conmigo
por la improbable portada de As o Marca con la imagen de Radamel Falcao
cada vez que al colombiano le de por repetir en Mónaco los guarismos que tantos
euros dejaron en la ribera del Manzanares?
Normalidad.
Cuando aún no ha comenzado lo de verdad, a los chés solo les ocupa el nombre
del nuevo ariete; los vascos pasan horas muertas apostando por la primera
jornada liguera en el nuevo San Mamés; y los colchoneros cuentan los días que
les separa de una opción real de título frente al Bayern de Guardiola. Lo de
siempre ¿Y nosotros? Pues para no caer en una generalización pocas veces tan injusta,
diremos que no faltan quienes adolecerán los próximos meses de un acusado
estrabismo, a cuenta de las hazañas de los que hace poco defendieron con suerte
desigual la camiseta del Sevilla.
Siempre
se ha atendido con un punto de orgullo la trayectoria de los que un día
defendieron nuestros colores. En su día el arriba firmante siguió la pista de
los Tsartas, Marchena y compañía, pocos más (lo de Buyo, Suker, Zamorano,
Baptista o Ramos es otra historia. Ellos eligieron un destino menos seductor de
la memoria). Pero observo estos días una atención a mi juicio obsesiva por lo
que Luis Alberto, Campaña o Luna protagonicen con las camisetas del Liverpool,
Crystal Palace y Aston Vila, respectivamente. Y la verdad, me parece un exceso,
cuando no una desviación desafortunada, en la medida que los éxitos de los
citados supongan una carga en la temporada de los que realmente nos importan:
los nuestros, los de colorado.
Y está
pasando. Pronto hemos comenzado y la temporada se antoja eterna a poco que
Emery tarde en hacer funcionar una plantilla ilusionante. Máxime si aquellas
promesas de la cantera deciden, esta vez si, dar la razón a quienes
consideraban que tenían el futuro en sus manos a poco que lo agarraran con la
personalidad de la que, por ejemplo, ha hecho gala Alberto Moreno.
Publicado en SFC Periódico el 10 de agosto de 2013.

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