lunes, 11 de junio de 2012

Ya le vale al Niño...



Al Niño, y a toda la corte de voceros empeñados en hacernos comulgar con ruedas de molino. Estrena defensa del título la Nacional, y volvemos a toparnos con el hándicap de los últimos cuatro años. Si la aportación de Fernando Torres en el Mundial de Sudáfrica fue lo que sigue al ridículo -aún no me quito de la memoria la performance que montó la criatura el rato que "disputó" en la final-, lá temporada que ha firmado el madrileño es, siendo generoso, pura antología de la mediocridad.

En Liverpool se prepara un homenaje público al visionario que sacó de la cuenta de Abramovich la indecente cantidad de dinero que el ruso estuvo dispuesto a pagar por Torres. La duda estriba entre cambiarle el nombre al campo o dedicarle sólo la ciudad deportiva. Porque, recordemos, el actual campeón de Europa abonó 58 millones de euros por este muchacho.

Pues el Niño estaba molesto, o eso decía. Y es que no pasaba por sus mejores momentos en Londres. Una ficha anual que escapa a la razón, juegue o no, y el angelito estaba triste. Lo sacan cuatro ratos, y su tanto en el Camp Nou es incluso motivo de burla por parte de una prensa, la inglesa, que no está condicionada lo más mínimo a la hora de enjuiciar la trayectoria de un futbolista que, cuatro años después, sigue viviendo a costa del gol que nos dio el título ante Alemania.

Lo de ayer es la constatación de que la prensa deportiva de este país condiciona las decisiones del seleccionador, hasta el punto de poner en serio riesgo una de las instituciones que mejor funcionaban en este país. Ocasiones no le van a faltar a Del Bosque para poner remedio al disparate que se está creando en torno a la selección con el ridículo debate del nueve.

Un debate que se sustancia poniendo a Torres -y de paso a Arbeloa- en el primer vuelo que salga de Polonia en dirección a Madrid, a Londres o a donde el Niño pueda dejar a un lado la tristeza sin estropear lo que tan bien funcionaba.



Nota bene: Después de meterle dos a Irlanda (una loable pandilla de amigos sin más pretensiones que salir a jugar a la pelota), al Niño le sigue valiendo igual lo arriba comentado. Que ya está bien.

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