lunes, 19 de septiembre de 2011

No al vasallaje



Cuentan las crónicas de la reciente reunión de la LFP, que algún presidente llegó a pedir perdón por acudir al encuentro que se celebró en el Sánchez Pizjuán el pasado 8 de septiembre. Tomó la palabra para que Florentino no le tuviera en cuenta la reciente infidelidad. Abiertamente, sin rubor. Convendría saber cómo se tomaría su afición, de saberlo, semejante servilismo, hincado de rodillas ante los intereses de los grandes. Pidió perdón, tal cual. Patético.


Otros simplemente dieron la callada por respuesta, incapaces de aguantar la mirada de los tres presidentes, sólo tres, que plantaron cara a las amenazas del capo di tutti i capi. Lo que ha trascendido de la asamblea arroja un cuadro más propio de épocas en las que el cacique dejaba hacer hasta que los súbditos amagaban rebelión. Llegado el momento, los reunía para anunciarles una subida de impuestos y la vigencia del derecho de pernada. Al caudillo le bastaba con su sola presencia para echar por tierra una posible insurgencia. Quizás, hasta entonces ningún vasallo había hecho acopio de la dignidad y el orgullo necesarios para mirar a la cara al amo y anunciarle el ocaso de la tiranía.


Están marcados. Han quedado retratados para la historia, con el marchamo de la pleitesía al poderoso, con la marca del vasallaje más rastrero e indigno. Aceptan el papel de mera comparsa en un negocio que tiene los días contados si el de siempre termina saliéndose con la suya. Y les da igual. Pobres… si no cambian de actitud, porque aún están a tiempo. Camino sólo hay uno, el de la equidad y la razón.


Publicado en SFC Periódico el 18 de septiembre de 2011.

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